El Coro Gospel de Madrid lleva catorce años cantando música del estilo «black gospel» en Madrid y sus alrededores. Sus 70 cantantes (casi todos españoles) y 5 músicos instrumentistas forman el Coro. Han participado en el Día Internacional de la Música en la Plaza Mayor, en festivales de música sacra en distintos puntos de la Comunidad de Madrid, y han realizado conciertos en escenarios como la Sala Mozart (Zaragoza), el Auditorio Nacional (Madrid), o el Teatro Joaquín Rodrigo (Las Rozas, Madrid).
Esta agrupación coral nace con dos giras del Coro Nacional Evangélico: «El Mesías» (1995) y «Espirituales 97» (1997), actuando en ciudades como Valladolid, Valencia, Salamanca, León, Zaragoza, y Madrid. Los integrantes madrileños del Coro Nacional deciden formar un coro regional dedicado a la música gospel , y así se constituye en enero de 1998 el Coro Gospel de Madrid.
La dirección artística del Coro Gospel de Madrid está a cargo de Nancy Roncesvalles de Rodemann . De ascendencia navarra, nació en USA , pero lleva más de 22 años residiendo en Madrid. Cursó sus estudios musicales en el Conservatorio de Música de Ithaca College, en Nueva York. Se licenció en Música, y Periodismo (sonido e imagen) de la misma institución. Después continuó su formación estudiando pedadogía musical y dirección de coros en Hungría, Inglaterra, Estados Unidos y España. Lleva 14 años ejerciendo como profesora de música en colegios bilingües de Madrid, donde ha dirigido varios coros y bandas de todas las edades, además de la enseñanza de música. Ha dirigido obras de teatro musical en estos colegios como: "Peter Pan", "Wizard of Oz", "Bye-Bye Birdie", y "Music Man". Actualmente cursa estudios de posgrado de pedagogía de música en Westminster Choir College, Princeton, New Jersey.
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La música gospel - también el jazz , blues , soul y hasta el rock and roll – nace de la tradición de «espirituales negros», una música arraigada en el sufrimiento de generaciones de esclavos africanos que fueron arrancados de su tierra y deportados a los países de América. La música afroamericana se remonta a 1619, fecha en que el primero africano llega a la colonia de Virginia. La primera noticia de un esclavo que se bautiza como cristiano viene del año 1641 en Massachusetts. Muchos de los negreros europeos (británicos, franceses, españoles, portugueses) predican la fe cristiana sólo para mantener sumisos a sus cautivos («los mansos herederán la tierra»). Los intereses comerciales, un clima político favorable al lucrativo tráfico en seres humanos, y la religión («opio del pueblo») dan la mano para impedir la rebelión de los oprimidos.
Al mismo tiempo, sin embargo, la historia sugiere que una interpretación exclusivamente política no basta para explicar la conversión masiva de los africanos al evangelio de Jesucristo. Parece que muchos adoptan la fe cristiana libre y sinceramente, porque ésta les ofrece una esperanza que este mundo definitivamente no proporciona.
Estos inmigrantes forzosos traen consigo un estilo musical propio. Una vida comunitaria basada en la música y el baile, siempre dirigido por una percusión insistente, se incorpora al rito de la recién descubierta fe cristiana. El canto se acentúa con la animada participación de los oyentes (exhortaciones, palmas, baile improvisado). Poco a poco la música eclesiástica blanca, europea, estéril ––a oídos de estos nuevos conversos– se metamorfosea, y nacen los llamados «espirituales negros».
Como bien señala la Dra. Eileen Southern, catedrática de Música y Estudios Afroamericanos de la Universidad de Harvard (EEUU), la melodía de los espirituales suele ser modal o pentatónica, con una constante improvisación melódica y textual. Hay frases musicales que se repiten con variaciones, dirigiendo el cantante principal y haciendo eco el coro, creando un patrón de llamadas y respuestas, siempre marcado con un pulso implacable ( The music of black Americans , Nueva York, W. W. Norton, 1997).
Otra característica del género autóctono que los esclavos importan es la balada, la narración –la tradición oral de la tribu– de las hazañas de los héroes antiguos. Este aspecto se incorpora en los nuevos contenidos cristianos. Los héroes del Antiguo Testamento, como Abraham, Josué, Gedeón, y Daniel forman parte del panteón musical. Cruzar el río Jordan se equipara con pasar del sufrimiento de esta vida a la felicidad celestial. El carro que lleva a Elías a la gloria sirve de emblema, y los esclavos piden que Dios mande su carro para llevarlos a ellos también. El ejemplo de Daniel, que sobrevive el foso de los leones, aviva una esperanza que vence el temor.
Además del recuerdo de los héroes de la Biblia, los espirituales negros sirven para que los esclavos se comuniquen en clave y burlen la vigilancia del amo. También recogen aspectos de la época como el «ferrocarril subterráneo», nombre con que se describe la cadena de ayudantes clandestinos que con pisos francos y documentos falsificados propician la huida de los esclavos de las plantaciones de algodón a las ciudades norteñas y libres. Son temas como «Mantén encendida la lámpara» (señal que indicaba una casa segura), y el pulso implacable de la percusión que hace eco del ruido del tren.
Los espirituales negros se evolucionan en música gospel propiamente hablando, con la incorporación de una instrumentación y armonización más sofisticadas. La música ya no se limita a temas modales y pentatónicos, aunque las raíces africanas siguen notándose. Ahora la tradición oral se centra en la persona de Jesucristo. La palabra gospel se deriva del vocablo anglosajón godspell , que significa «palabra buena», traduciendo el término bíblico griego euangelion , «buena noticia». Los esclavos consideran que la mejor noticia de todas es el evangelio de la salvación en Jesucristo. Si bien los amos propagan la fe para mantener a las masas embrutecidas, muchos de los que componen esas masas ahora ven en Jesús el mayor de todos los héroes antiguos, y cantan de su amor, su poder, su sufrimiento, y su cruz.
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